La lluvia no ha dado tregua en la CDMX desde hace ya, varios días, y adivinen quién YO, su anfitriona favorita, casi pierde la vida en el Sistema de Transporte Colectivo Metro, la razón: estaba a punto de perderme a Alvarito Díaz, el acto que abría la presentación del más reciente material de estudio de uno de los exponentes de hip-hop que más prosperidad le han brindado al país, La Banda Bastön.

El llamado decía 7:00 pm, y eran casi las 8:00 pm y yo seguía mordiéndome las uñas de la desesperación dentro de la estación Allende, una vez sorteé a los vendedores de audífonos apócrifos y spinners multicolores, alcance a doblar sobre la derecha de la hermosa Donceles y caminando sobre la misma, era evidente que había alcanzado mi destino: la arteria del centro de la Ciudad se encontraba sitiada por playeras que rezaban la plegaria #420, pantalones cargo, bomber jackets, Originals y Jordans.

Uno casi nunca hace referencia al venue que tal o cuál concierto adopta como casa, pero el que nos tocó aquella noche era particularmente bello, El Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, construido en el año de 1918 bajo el esquema Neoclásico, recinto que ha visto desfilar centenares de puestas en escena y actos en vivo. Toda esta belleza arquitectónica contrastaba bestialmente con la índole del espectáculo, obvio nadie iba vestido de etiqueta, ni tampoco había vestidos largos de lentejuela (yo traía mis Air Max 1, medio mojados por la lluvia) pero definitivamente la intensidad del show que estábamos por presenciar para nada habría de decepcionar a doña Esperanza Iris “La Reina de la Opereta”.

Pasaba la media después de las 8, los palcos destinados para prensa eran un mini infierno y el recinto se veía a una tercera parte de su capacidad. Las luces se tornaron cada vez más tenues, y entonces sucedió: Álvaro Díaz, estaba en la casa.

No temo represalias al decir que actualmente Álvaro es el mejor rapero que ha visto nacer Puerto Rico, ha demostrado una evolución musical gigantesca desde su primer material de corta duración titulado Ilumilatin (2015) que posee una estilo lírico oscuro con versos espesos, pasando por el Hato Rey (2015) su primer mixtape de larga duración producido por Y-Y-Young Martino, pero ha sido el San Juan Grand Prix (2016) quien lo catapultó a la estratósfera con un ritmo claramente latino, rimas sensualmente aderezadas con ese acento boricua tan particular. El de San Juan está firmado en Puerto Rico por la White Lion Records, una de las casas musicales más grandes de reggaetón/trap/urbano , con talentos de la talla de Tego Calderón, Jowell & Randy y Calle 13, mientras que en México tiene representación con la Homegrown Entertainment.

Manuel Lara dio los primeros toques de baqueta y el delirio puertorriqueño comenzó con MPH (A Las Millas), el público inmediatamente sucumbió ante el beat traposo y las rimas rápidas. Un par de tracks después reconocí a la voz los primeros acordes de Groupie Love – Métele bellaco, me-métele bellaco, ponme a bailar- baje mi cámara y durante sus casi 4 minutos de duración me entregue al baile y la rima desde mi pequeña ubicación en los palcos laterales de la pista del escenario. Le siguieron las odas a la belleza femenina, Chicas de la Isla & Westside (Chicas de la Isla Parte 2) -La definición de nuestra belleza latina (… ) hazme caso, las de DF son mejor-. Para cuando Mantecado de Coco comenzó a retumbar en las paredes de lugar, parecía que la butaca numerada ya les picaba a los asistentes, pues sin temor, se acercaron al escenario en dónde un cálido (y guapísimo ggg) Álvaro Díaz les esperaba. “Después que mami tenga la nevera llena va estar todo bien, sí, todo bien” fueron los últimos versos que el Teatro de la Ciudad escucho del número abridor de la noche. Álvaro Díaz es el Fokin’ Rey, no hay más.

Se apagaron las luces, como intermedio de cine, e inmediatamente nuestro cerebro carburo tomar la decisión más sabia: Ir por una cerveza, lo más fría posible, de la abarrotada y mal posicionada barra, así se nos fueron 20 minutos, y en medio de una sala ya a su 90 por ciento de capacidad, lo que en un principio parecían los visuales de transición se convirtieron en el estreno del videoclip de “Haces mal”, canción que llega directamente a mi naturaleza stoner:

Te digo… cuando despierto me siento mal
Luego te encuentro, un suspiro y me siento bien
Eres mi favorita, no hay otra igual
Contigo elevo mi espíritu santo, amén

El escenario volvió a retomar sus luces de live ya con Muroslav A.K.A Muelas de Gallo y el Dr Zupreeme en los beats&scratches incendiando la casa con “Quiúbole” – qué onda, qué tranza- e hilando a la perfección “El país de las maravillas” y “1,2,3”, las manos al aire se miraban por doquier.

“Ah, Ah, Ah, Eo, Eo”- la rola que dibuja una “s” de simón nos puso a todos a bailar el compás sensualón de Simpson Ahuevo y Alan Anaya, seguidito por “Barriobajeros” con el feature en vivo de YogaFire y Alemán, era cuestión de un par de scratches de la torna para que toda la family de la Home saliera a cantar la canción que más alegría me ha concedido a lo largo del año: “Phones, tengo varios pones, si un dealer no contesta, nos van a sobrar opciones” .

Ya con el Mü y Zupreeme de vuelta en la tarima sonó “Hasta la muerte y después” a dueto de rima con el buen Smoky y después de eso, el boricua consen subió de nuevo al escenario para rematar al público con “Martes 13”.

Después de darle una repasada a la tornamesa por parte de Alan Anaya, DJ Aztec y DJ Gross, la nostalgia de finales de los noventas y principios de los dosmiles se apoderó del recinto completo, porque no todo son pones, ni dealers, la Vieja Guardia nos volvió a recordar que ellos ya estaban en este bisne antes que nosotros con Big Metra , Petate Funky, el gran MC Luka y Aztec versándonos un atinado “Raperos adultos”.

El preámbulo del rap de las relaciones interpersonales (como me gusta llamarle) se engalanó primeramente con un fragmento del argentino Oliverio Girondo, como preámbulo de “Chula”, para darle paso a la contraparte de romanticismo con el feature en vivo de MCKlopedia para “Solo como amigos” y continuar con el puente sonoro del track que le da nombre al disco con la etérea colaboración sonora de Denisse Gutierréz.

Uno de los momentos más memorables (por lo menos en mi universo generacional, Control Machete erigió un poco mi postura dentro del rap y hip hop mexa ) fue cuando Fermín IV, con su acostumbrada solemnidad, saltó al escenario para rapear el himno de toda una generación, “Sí señor” acompañado del Muelas de Gang.

Sabíamos que la noche estaba a punto de terminar, porque si los cálculos no nos fallaban, sólo faltaba corear los grandes singles que Luces Fantasma nos había obsequiado desde finales del año pasado: “Loco”, “No me porto bien” y “Me haces mal” a dueto con las hermanas McKenna lograron cuajar el éxtasis de emociones que habíamos experimentado producto de buenas rimas, excelentes emcees y en caso particular, la compañía de grandes amigos. Ya con la cámara en la mochila coreé y disfruté de “Me gustas, me buscas, me encuentras, me tomas, me usas” solo para constatar que en México lo que sobra es talento en las rimas y no es producto de generación espontánea, es la cosecha de muchas semillas que llevan una veintena de año haciendo ruido desde sus trincheras, La Bastön no está en la casa, está en el aire.

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